Las gemas De Quebraen #1



Las gemas
De
Quebraen 


Capítulo 1
Pergamino de fuego

¿Mi nombre? Soy Jim.

Peso no sé cuánto, mido la verdad ni idea;  lo suficientemente bajo para no poder ni rosar el jarrón de las galletas que ponen sobre lo más alto de la alacena y mi apariencia de lo más corriente diría que más bien simplona.

Como veras,  no hay mucho que decir de mí.  No soy interesante, ni heroico es más soy algo así como un bueno para nada.  Simplemente  un perdedor.

De esas pocas malas hierbas que nacen para ser burros de otros;  Bufones que hagan sentir inteligentes a los idiotas, alfombra de mala calidad que los demás pueden pisar.

Sé que debería ser más bueno conmigo mismo y tener una positiva presentación para realzar el interés.

Por ejemplo.

Hola,  soy Jim una persona normal.

Con eso sería suficiente.

Pues no, decir que soy normal es una ofensa para los que realmente lo son.

Sería como si una bruja de las colinas tormentosas declarara ser bonita o como si mi madre proclamara que ha cocinado alguna vez en su vida.

Algo por supuesto Sin sentido, aberrante y una total mentira.

Así que ya que es mi presentación seré sincero.  Soy un perdedor entre los perdedores y sé que nadie dirá lo contrario.

Y aunque parezca increíble ya estaba habituado,  una facultad muy útil para aminorar el efecto del desprecio de los demás,  aceptar lo que eres,  así debía ser y aunque a veces se me antojaba cambiar tampoco era como si pudiese, mucho menos ahora.

¿Quieres saber por qué?

Porque yo desde los 9 pensé que ya había llegado a mi límite de humillación, que por cierto  llevaba cultivando prácticamente desde que nací, pero esa mañana cuando me dieron la maravillosa noticia de que iría directito hasta la herrería supe que mi destino estaba escrito,  sí…

Ya sé cuál sería mi nota al pie del diploma…

“AYUDANTE DE COCINERO”

 Mi futuro ya estaba más que decido 

Supongo que tú ya estarás especulando que esta es otra gran historia del idiota que se hace héroe, lo sé por qué yo llevo 14 años esperando que eso suceda, pero sorpresa!!  no ha pasado, voy muy por el contrario de mal en peor.

-JIM!!_ hasta podía escuchar a mi padrastro gritándome algo típico como: “no se para que carajos naciste “o “eres un niño del…

_DEMONIO, JIM!!_ Y desperté, con baba seca pegada en mi mejilla izquierda,  en posición fetal y  con la cara de aquel hombretón a dos palmos de la mía.

Ah~ nada como  ese apestoso aliento a pescado putrefacto que emanaba de su boca,  con dientes podridos y piezas faltantes, ah! si y era lunes ¿qué agradable no? El perfecto ¡buenos días¡ para Jim

_¿que sucede?_ no sé si es que la pubertad  se había olvidado de pasar por mí,  comenzaba a pensar que nunca me llegaría ya que aún poseía aquella voz chillona que se tiene cuando todavía eres un crio y el cuerpo menudo más bien delgaducho,  flácido  algo no muy acostumbrado entre los miembros de mi gremio.

Ellos solían ser robustos yo era un fideo y sin salsa.

Pero así es la vida justa para algunos

Y jodida para otros.

_es tarde muchacho inútil apúrate, Jacob esta pronto a llegar_ a pesar de su escándalo parecía contento sonreía de oreja a oreja,  algo increíble,  casi  milagroso de ver en ese rostro viejo y maltratado por las guerras;  Ya casi las arrugas que se le formaban cuando estaba molesto se le había marcado en la piel como un tatuaje.

Llevaba esa asquerosa barba de 4 días que lo hacía parecer vagabundo. El forajido Will,  el vagabundo del pueblo vecino debería hacerle juicio por robo de identidad.

Entonces,  antes de que pudiera imaginarlo con todo gusto si me lo preguntan, pidiendo limosnas en las calles caí en cuenta de que hoy era el apreciado 20 de julio.

Apreciado para todos,  menos para mí.

La llegada de los iniciados, de los oficiales.

El retorno de los nuevos héroes del país y por lo tanto de mi hermano.
 podría excusarme al decir que era el mayor. Pero no,  el nació apenas unos minutos después de mí.

Fue algo así como un aliento de alivio para mi madre que pensaban que le habían mandado un enclenque como hijo,  pero Jacob aun siendo mi mellizo era alguien tan diferente que apenas uno se podría imaginar que tenía algo que ver conmigo.

 Destacaba entre el resto y hacia amigos con gran facilidad.
Era alto, fuerte y valiente.

Tres cosas que yo jamás podría ser.

Trate de no poner los ojos en blanco cuando mi padrastro o bueno mi padre como era obligado a llamarle,  comenzó a parlotear sobre la gran fiesta que se celebraría ese día y que debía estar listo para recibirle con el resto de plebeyos que no eran lo suficientemente importantes para ser parte de los festejados.

Lo único que me ponía de buenas era verlo otra vez después de 3 largos meses, a pesar de las diferencias era como mi otro yo, el que si valía la pena, el único que no me miraba como si mi existencia fuese un error.

Estaba en un mundo en el que cada cosa que hacia estaba fiscalizada, criticada y trasmitida a los demás, una comunidad entera para burlarse de mí y lamentarse de que Jacob tuviese un hermano como yo.

Y pensaras tú,  ¿por qué razón mi vida era tan vigilada por el resto? pues ser hijastro del gobernador tiene sus consecuencias.

Por ejemplo estar bajo el ojo vigilante de sus subordinados.

Para mi todos eran una partida de cuervos listos para comerme los ojos.
Aunque ya casi  no había nada que comer.

_vístete con rapidez ponte lo mejor que tengas y baja al salón, te quiero haya en menos de media hora si no,  te arrástrate como sea que estés_ me estremecí al recibir como una patada en el estómago el recuerdo de esa vez que mi "padre"  juro haber sido humillado por mí,  al no pasar la prueba con el arco, así que decidió según el darme una lección  que consistía bajarme casi en ropa interior y arrodillarme  sobre granos de arroz en la entrada del palacio para que  todos vieran mi desgracia, por 48 horas.

Luego de eso no sentía mis piernas por un día entero, y apestaba a diablos.

Aún tenía las marcas violáceas de los granos.

Podía escuchar el bullicio de la plaza aun en el segundo piso en el que me encontraba;  Hoy me esperaba un día de sonrisas falsas y comparaciones.

Ya podía escucharlo “oh Jim ¿por qué no eres tan valiente como tu hermano?”, oh Jim ¿porque tu nombre es tan simplón?”, “oh Jim ¿porque tu hermano tiene el trasero más grande?”.
Si,  lo de siempre.

¿Esto me hace ver como un envidioso?, no,  yo la verdad admiraba a mi hermano, estaba orgulloso de él, tan orgulloso que incluso me alagaba que dijeran que él era un prodigio aun cuando seguido de eso decían que no se parecía en nada a mí.

_que estás haciendo?_ como si lo llamara con el pensamiento estaba recostado en el umbral de mi ventana con su gran sonrisa y el cabello más revuelto de lo que recordaba, sostenía una manzana con la mano izquierda y jugaba con ella lanzándola y atrapándola rápidamente solo para verse más interesante.

Ya lo imagino buscándola en la cocina,  escapándose por la puerta de servicio y trepando la pared de ladrillo con una sola mano mientras comía con la otra.

Esto me hizo poner los ojos en blanco.

_ ¿no se supone que llegarías en la  tarde?_ como una puñalada en el poco ego que tenía estaba más alto ya casi me pasaba una cabeza.

_si Jim,  lo que pasa es que ya es tarde_ ah con razón mi amadísimo padre se tomó la gran molestia de muy amablemente venir a despertarme el personalmente, que considerado!!

_bueno si es tarde ¿que haces aquí? Ve a ver a _me ardía la garganta  decir esas palabras en voz alta_ ve a ver a papá_

_ahora voy _ se acercó a grandes zancadas,  tiro la manzana medio mordida sobre mi cama y me estrujo entre sus brazos como si fuese un crió cuyo papá saluda al regresar de la guerra,  incluso puso su mano sobre mi cabeza y revolvió mi pelo , a veces era fácil olvidar que se suponía yo era el mayor.

_ ¿no hay una regla de oficial sobre los abrazos?_

_desde cuándo sigo las reglas_ volvió a sonreír y se alejó para escrutarme_ bueno lo importante era ver que siguieras vivo, mi padre  nunca respondía cuando le preguntaba en cartas por ti _ típico.

_y además vine a darte esto_ saco del bolsillo de atrás de su pantalón un algo,  estaba bastante arrugado era de color rojo vivo, me tomo unos minutos procesar lo que estaba sucediendo, era pergamino de fuego.

Si pergamino de fuego, utilizado solo por los más ricos del país  ¿y quienes eran los más ricos? Los de la corte real.

Ni siquiera mi padrastro siendo el gobernador de Dunne podía darse ese lujo, en cambio los de la corte probablemente lo utilizaban  hasta para ir al baño

Mis manos temblaron cuando desenrolle el pergamino  por supuesto no había nada escrito en el… aun.

_bueno_

_bueno? Ve a ver que dice  la herrería ya está abierta _ el parecía emocionado,  yo por el contrario estaba que me temblaban las rodillas eso me hizo pensar que él ya estaba consciente de lo que me informaban, algo que lejos de tranquilizarme me alarmaba el concepto de Jacob y el mío de las buenas noticias nunca fue el mismo.

_pero primero báñate, apestas_ me regalo la última sonrisa y volvió a desaparecer por el umbral de la ventana como si la existencia de las puerta fuese algo desconocido para el…

El día estaba maravilloso, si excluyo a la gente dentro del  palacio que parecía desesperadas dando mini carreras a cada grito del gran  Alejandro mi “padre” aunque aquí entre nos  su verdadero nombre era Lino,  claro eso se suponía era un secreto si se revelaba la cabeza del atrevido seria cortada.

No es como si en el exterior estuviera diferente,  la gente parloteaba y caminaba con desesperación por la plaza, había un olor a comida en el aire y música animosa inundaba el ambiente, las mujeres reían por recibir a mucho de sus hijos y los hombres presumían entre si a cuantos Quebraenos habría destazado alguno de sus primogénitos.

Por donde caminaba me golpeaba al pasar, muchos por descuido, la mayoría apropósito.

Voltee cuando pude escuchar a Alejandro victoriar con su vozarrón aun sobre el bullicio,   seguramente Jacob ya se había dignado en aparecer por la puerta y la gente ya se aglomeraba en la entrada el castillo.

Así que se me hizo ya mucho más fácil correr hasta la herrería al extremo norte de la plaza, bien todo iba bien no quería que nadie me viera con el pergamino de fuego, comenzarían a   especular y eso me pondría más nervioso de lo que estaba.

Pero como la suerte me odiaba y los dioses me aborrecían justo en la entrada del lugar estaban paradas dos mujeres que yo ya conocía muy bien.

El viejo simón, el dueño de la herrería arrugo la nariz al verme como si mi presencia le hediera, así era desde que por error incendiara el lugar cuando tenía 9 aun que en el fondo sé que me odiaba de mucho antes.

_¿que deseas aquí?_ dijo con voz estrangulada y gane la atención de las dos personas recostadas en el viejo mostrador de madera, fabuloso!, con lo que me encantaba tener gente mirándome fijamente!!.

_pues…_ ¿y ahora qué?, Adalia Samonne estaba mirándome a los ojos con esa sonrisilla que parecía ya ser parte de ella, ese día cargaba una trenza que caía por su hombro derecho, con el cabello más rubio que había tenido el privilegio de apreciar, y los ojos más deslumbrantes del mundo, seguramente estaba exagerando pero ya abras escuchado eso de que el amor es ciego.

Y a su lado por el contrario la más desagradable de las personas de todo el pueblo, de todo el reino, del todo el país,  pero seguramente otra vez estaba exagerando.

Rokxa Samonne, no podía comprender como ellas podían ser primas, supongo que lo mismo pasaba con Jacob y conmigo difícil creer que perteneciéramos a la misma familia , Rokxa a diferencia de Adalia era grosera, amargada, torpe,  sentía placer en hacerme la vida imposible aun cuando ella era igual de inútil para los demás que yo, su cabello era rojo, rojo como el pergamino que tenía en las manos,  sus ojos de un simple café, desde bajo de sus ojeras hasta la punta de su nariz estaba repleta de pecas y su palidez era casi algo enfermizo.

Sonrió con malicia al verme y todo mi cuerpo vibro de puro coraje.

_buenos días,  inútil_ lo único que Rokxa tenía mejor que Adalia era la voz,  una voz aterciopelada algo que no iba para nada con su cara de duendecillo feo.

Pretendí no escucharla, era lo mejor.

_he venido a utilizar el horno_ el viejo simón arqueo una ceja y sacudió su mano _ ni lo pienses mocoso,  los hornos solo los utilizo yo_

Diablos!

_bueno es para algo importante_ hizo una mueca desagradable casi igual a la que hacia mi padrastro cuando hablaban de Jacob, como si se pavoneara.

_¿tu? ¿Algo importante? No creo que alguien en su sano juicio te encargue algo de importancia a ti,  chiquillo bueno para nada_ su voz era rasposa como si todo el tiempo estuviese borracho.

Aunque no era muy alejado de la realidad,  seguramente su cuerpo se había acostumbrado tanto a estar en ebriedad que ya no reconocía cuando se encontraba lucido.

Y quise hundirme en mi propia tumba cuando Rokxa soltó una risita y Adalia volvió el rostro para seguramente reírse sin ser vista.

Aunque podría jurar que  se burlaba de mi ese simple acto me pareció  dulce y considerado, hermoso como ella.

_es…_ saque con disimulo el pergamino de mi bolsillo solo la punta para que viese el color;  Pelo los ojos como pepas y se atraganto con su propia saliva.

_¿es un pergamino de fuego?_ chillo Adalia que se había inclinado curiosa con mucho disimulo que se fue al diablo cuando grito aquello.

_¿he? ¿Enserio? Vaya, no has hecho algo heroico últimamente ¿verdad Jimy? te metiste en problemas o será que ya decidieron tu puesto? Seguro que te nombraron recoge popo oficial _ si el pergamino resultaba ser un  nombramiento estaba casi igual de seguro que diría algo parecido a lo que Rokxa con sorna había canturreado.

_no molestes_ fue todo lo que dije cuando simón me abrió la puerta y me dejo pasar al interior de la herrería;  Hacía un calor infernal había vapores escapando de los hornos y las fraguas, me costaba no estrellarme contra las armaduras que colgaban del techo bastante bajo aun cuando yo era considerado un enano.

En una de las esquinas había un horno inmenso que ardía casi todo el tiempo,  cuando el viejo lo abrió el resplandor naranja y el ardor del fuego se estrellaron  contra mi cara

_dámelo_ espeto y me arrebato el pergamino del bolsillo, un delicado hilo se extendía de extremo a extremo ambos lados  del horno,  en él había pegada horquillas de un material desconocido para mí que no se derretía, engancho las puntas del pergamino en ellas y volvió a cerrar la tapa.

Estuvimos allí parados un rato, en el que no se oía nada más que la música del exterior que se filtraba por la ventanilla del establecimiento y el cuchicheo de los hornos ardiendo.

Volvió a abrir la puerta y allí estaban,  por algo era llamado pergamino de fuego, hecho de la escamas  de un dragón.

Pobres dragones, las letras que antes no existían ahora se marcaban sobre él,  prendidas por el fuego.

Simón saco el pergamino como si el calor no le afectara a sus manos llenas de ampollas y lo sacudió sin nada de delicadeza,  me lo entrego enseguida sin atreverse a rozarme y se quedó allí parado seguramente para husmear.

No estaba ardiendo estaba frio ahora lo que al principio parecía ser fina tela estaba rígida y la escritura se marcaba sobre el rojo en un color negro chamuscado como una cicatriz.

Esa era la única manera de ver lo que poseían escrito los pergaminos de fuego,  algo muy útil para enviar mensajes sin ser interceptados por los rebeldes Quebraenos “aun que utilicen fuego para tratar de leerlos solo el fuego hecho con trocos del árbol Niquer que crecía en Dunne funcionaba” decía siempre Jacob, a mí me parecía un desperdicio, un despilfarro,  pero yo siempre era el que estaba mal según todos.

“pensamientos tontos eso es lo que tienes” decía el gran Alejandro.

Jim franzo Soul

Es un placer para nosotros informarte tu posición como
“AYUDANTE DEL OFICIAL NOVATO JACOB FRANZO SOUL”
(Es esperado en las barracas a las 2 de la tarde sin falta)

Efectivamente un  nombramiento, esas cosas solían ser entregadas cuando cumplías 15 años, se hacía una ceremonia de iniciación y se te asignaba tu profesión para toda la vida, en mi caso al igual que a mi hermano se me había por lo visto entregado antes, lo que nos diferenciaba era que a él le hicieron una gran ceremonia para festejar que había sido nombrado oficial,  a mí por el contrario un monigote.

Si,  un pelele que le serviría a otro para toda la vida y no cualquier otro mi propio hermano menor, era como ser un esclavo con título,  todos lo sabían,  ahora mi posición en la comunidad y en el gremio estaba decidida.

Yo no sería nada, no sería nadie.

Sería una sombra.

Ese día todas mis esperanzas de por fin convertirme en el idiota que se hace héroe murieron.


Murieron junto con mi dignidad. 





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